Derecho de los niños a la ESI: reconocimiento de la sexualidad como constituyente de la subjetividad y apropiación de su cuerpo

Uno de los más importantes desafíos que tenemos los adultos es la premisa que indica que nuestro mundo no debe complacerse con el mundo infantil. 

Los grandes temas acerca de la violencia y, particularmente, en y hacia la infancia deben ser tratados no sólo como aspectos de la comunicación, sino además desde la posibilidad de construir un sujeto ético.

En este sentido, la ética a la que nos referimos es aquella que refiere a las legalidades en las cuales el niño transita en este mundo. Al decir de Silvia Bleichmar: “cada cultura pauta el acotamiento de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto. En este sentido, la problemática ética no pasa por la triangulación ni por las relaciones de alianza, sino por el modo como el adulto se emplaza frente al niño en su doble función: inscribir la sexualidad y, al mismo tiempo, pautar los límites, no de la acción del niño, sino de su apropiación sobre el cuerpo del niño”. 

En este sentido, el espacio destinado a la Educación Sexual Integral dentro del dispositivo por antonomasia de constitución subjetiva, es una conquista que merece nuestro acompañamiento, nuestro compromiso y la lucha para que pase a formar efectivamente parte de los contenidos indiscutidos propios de la currícula en la educación pública de gestión estatal y pública de gestión privada. 

Es a través de la ESI que entendemos que brindamos a niños y niñas instrumentos para transitar el camino de reconocimiento de la sexualidad como parte constituyente de la subjetividad y también herramientas para construir una ética que le permita registrar cualquier avasallamiento que el mundo adulto pretenda realizar sobre su cuerpo. Entendemos que es un tema que provoca mucho resquemor en varios espacios de la sociedad. Sobre todo por las contradicciones que inspira. Ante la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, sectores conservadores, acudieron a la ESI como la panacea que impediría el acceso al derecho que se pretendía obtener por medio de la Ley y la despenalización de un espacio personalísimo para uno de los colectivos más vulnerados a lo largo de la historia: las mujeres. Sin embargo, antes y después de esto, la ESI volvió a ser cuestionada con furor porque en el fondo la Educación Sexual Integral pone sobre el tapete lo esencial que nuestra cultura aún no ha podido resolver y que parece que poco se interesa en hacerlo: “el acotamiento de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto”.

Que la Educación Sexual Integral ingrese en todas las aulas, en las instituciones públicas, que salga a las calles, es, en definitiva, que el Estado Argentino considere de una buena vez por todas a niñas y niños como personas y ciudadanos de la patria.

Junta Ejecutiva FePRA